Los constantes apagones y racionamientos eléctricos en el país están generando un impacto directo y severo en la salud mental de los ciudadanos, según advierten especialistas en psicología. A pesar de que el Plan Especial de Ahorro Energético anunciado por el Ejecutivo culminó el pasado 5 de mayo, los cortes de luz persisten en millones de hogares, alcanzando entre 8 y 10 horas diarias en varias regiones. Psicólogos señalan que la incertidumbre crónica, la alteración forzada de las rutinas y la persistente sensación de falta de control se han transformado en detonantes que elevan los niveles de ansiedad, frustración y malestar emocional generalizado, configurando un escenario de estrés social sostenido.
El psicólogo Carlos Javier Alzualde explica que la precariedad del servicio eléctrico mantiene a la población en un estado de hipervigilancia y alerta permanente, lo que desencadena síntomas físicos como dolores de cabeza, palpitaciones, afecciones gastrointestinales y dificultades para conciliar el sueño. Este desgaste varía según los grupos etarios: en niños y adolescentes se interrumpen los ciclos de estudio y descanso, traduciéndose en apatía, hostilidad o rechazo escolar; en los adultos provoca una preocupación constante por resolver necesidades básicas como la alimentación y el empleo; mientras que en los adultos mayores suele derivar en aislamiento, desesperanza y una alarmante percepción de pérdida de dignidad.
Por su parte, la psicóloga Vianny Zambrano sostiene que la crisis eléctrica en Venezuela debe ser abordada formalmente como una emergencia de salud mental debido a sus consecuencias directas sobre el cerebro y el organismo. La especialista detalla que la exposición prolongada a la incertidumbre produce un exceso de cortisol que debilita el sistema inmunológico, eleva la presión arterial y fragmenta la productividad de las personas. Bajo esta realidad, la dinámica diaria se ha modificado drásticamente, obligando a los ciudadanos a planificar sus vidas en función de la disponibilidad del servicio, lo que genera que trabajen bajo presión, con agotamiento acumulado y con una grave dificultad para proyectarse a corto o mediano plazo.
Fuente informativa: Declaraciones y análisis de los psicólogos Carlos Javier Alzualde y Vianny Zambrano

