Cada 13 de junio, el estado Cojedes y en especial Tinaquillo, se moviliza para honrar a San Antonio de Padua, el llamado «santo casamentero», en una festividad que fusiona la devoción eclesiástica con profundas tradiciones orales del pueblo. Conocido globalmente por su intercesión para encontrar pareja o consolidar un buen matrimonio, en los pueblos cojedeños su herencia va más allá, sumando relatos de milagros vinculados a la sanación de enfermedades y la atracción de la buena fortuna. Esta fecha moviliza a diversos sectores de la entidad que organizan eventos simultáneos, reafirmando una identidad cultural que pasa de generación en generación.

En la localidad de Tinaquillo, la herencia de esta festividad se mantiene viva al recordar el legado de Doña Susmira Herrera, que en familia iniciaba la jornada con fuegos artificiales, misas solemnes y el esperado reparto del tradicional pan de San Antonio, estampitas e imágenes de yeso. Posteriormente, la comunidad se integraba a una concurrida procesión que recorría varias calles y avenidas de Tinaquillo portando la figura del santo. Este despliegue de fe ratifica el arraigo de una conmemoración que paraliza positivamente a las comunidades del municipio, convirtiéndose en un punto de encuentro para el reencuentro de los ciudadanos.
De manera paralela, la población de Vallecito se convierte en el centro de la celebración al tratarse de su santo patrón, combinando solemnidad con dinamismo social. Las festividades patronales en esta zona integran una agenda diversa que abarca desde actividades eclesiásticas y litúrgicas hasta encuentros deportivos, eventos sociales y expresiones folklóricas tradicionales. Esta diversidad de actos demuestra cómo la figura de San Antonio de Padua sigue siendo un motor de cohesión comunitaria y manifestación popular plenamente vigente en la geografía cojedeña.

