El desarrollo del evento climatológico conocido como “Súper Niño” comenzará a manifestarse en el país a partir de este mes de agosto de 2026 y extenderá sus efectos hasta febrero de 2027, según confirmaron pronósticos del Inameh y la NOAA estadounidense. El ingeniero meteorólogo e investigador hidrometeorológico, Valdemar Andrade, advirtió que históricamente el 72% de estos fenómenos genera un severo déficit de precipitaciones en el territorio nacional. Los antecedentes de intensidad similar revelan que la mitad derivó en períodos críticos de sequía, un escenario que ya muestra sus primeros indicios con un comportamiento heterogéneo de las lluvias en julio, mes que resultó extremadamente seco para la zona norte costera y oriente, registrando en Caracas apenas 49 mm frente a su promedio histórico de 112 mm.

Ante este panorama, la situación de los sistemas hídricos nacionales presenta realidades opuestas que obligan a tomar medidas preventivas diferenciadas. Mientras el embalse de Guri mantiene cotas elevadas y cuenta con alivios programados para descartar problemas de generación en el Bajo Caroní durante este año, los embalses del centro y norte del país registran niveles mermados, lo que motivó al especialista a recomendar políticas de racionamiento preventivo de agua. Una realidad alarmante se vive en la región andina, donde los embalses de Uribante y La Vueltosa (Sistema Uribante-Caparo) ya se encuentran por debajo de su promedio histórico, anticipando inminentes déficits hídricos para la producción de energía eléctrica en el occidente del país.
El impacto del fenómeno meteorológico se agudizará durante el mes de octubre, período en el que se proyecta el segundo pico anual de temperaturas extremas con consecuencias directas sobre la población y los servicios públicos. Los pronósticos apuntan a máximas de hasta 34 °C en Caracas y la región central, mientras que en Maracaibo y el estado Zulia los termómetros registrarán valores críticos de entre 40 °C y 42 °C. Expertos instan a las autoridades y a la ciudadanía a implementar con urgencia planes de gestión energética y de uso racional del agua, ante la inminente sobrecarga que sufrirá el sistema eléctrico por el incremento de la demanda de enfriamiento en las zonas más afectadas.

