Durante marzo y abril, Venezuela experimenta sus días más calurosos debido a la declinación solar, una condición estacional que ocurre cada año por el movimiento de traslación del planeta Tierra alrededor del Sol y la inclinación de su eje.
El meteorólogo Luis Vargas expresa que, en Venezuela existen dos períodos de más altas temperaturas que son marzo-abril y luego agosto-septiembre, debido a la declinación de los rayos solares que inciden perpendicularmente sobre el país.

Vargas aclara que la declinación solar no tiene nada que ver con una ola de calor, ya que esta última “es una situación transitoria que normalmente ocurre por otros efectos meteorológicos como por ejemplo la invasión de una masa de aire cálida a un territorio”.
“Para que podamos indicar que se trata de una ola de calor, hay que disponer de los datos de temperatura en el tiempo real y hacer comparaciones climatológicas con la data histórica o que tal ola de calor sea indicada por los modelos de pronósticos, cosa que hasta ahora no se prevé que ocurra en Venezuela”, añade.
Para el 20 de marzo, la declinación solar estará incidiendo sobre el ecuador terrestre, cuando ocurre el equinoccio. “Al día siguiente comenzará a ‘barrer’ al territorio nacional iniciando por el punto más austral: el naciente del río Ararí, en el estado Amazonas. Será hasta el 21 de abril cuando salga del área continental del país y hasta el 2 de mayo del Caribe venezolano”, indica el meteorólogo.

La falta de árboles y los incendios de vegetación influyen en que sintamos más calor. Esto ocurre porque las áreas más expuestas al Sol se calientan más rápido, como ocurre con las “islas de calor” y, en el caso de los incendios, estos arrasan con la vegetación, eliminando la capacidad de la tierra para absorber la radiación solar y liberar humedad.
Maracaibo, por ejemplo, requiere de tres a cinco millones de árboles para poder bajar considerablemente la temperatura en unos 2 ºC o 3 ºC, de acuerdo con estimaciones locales. Pero, ambientalistas zulianos denuncian la falta de una buena gestión de arborización que incluya la siembra de especies adecuadas en sitios adecuados y con un riego adecuado, lo que lleva a la ciudad a mantenerse siempre “caliente” por los pocos espacios con sombra existentes.

