En un inesperado movimiento que busca disminuir la crisis regional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump y su homólogo colombiano, Gustavo Petro, sostuvieron este miércoles 7 de enero una conversación telefónica descrita como «amistosa» por la Casa Blanca.
El intercambio ocurre apenas días después de que Trump calificara a Petro de «hombre enfermo» y no descartara una intervención militar en Colombia tras la reciente captura de Nicolás Maduro. Durante la llamada, que se extendió por aproximadamente 45 minutos, ambos mandatarios abordaron sus profundas discrepancias sobre la política antinarcóticos y la situación de seguridad en el continente.
El contacto fue gestionado por el embajador de Colombia en Washington, Daniel García-Peña, logrando un cambio radical en la retórica de Trump, quien a través de sus redes sociales expresó que fue un «gran honor» hablar con Petro para escuchar su perspectiva sobre el problema de las drogas.
El mandatario estadounidense incluso extendió una invitación formal para que Petro visite la Casa Blanca en el «futuro cercano» con el fin de profundizar en las soluciones conjuntas. Este acercamiento se produce mientras en Bogotá miles de personas se movilizaban en la Plaza de Bolívar en defensa de la soberanía nacional, convocadas por el propio Petro antes de que se concretara el enlace telefónico.
A pesar del tono conciliador de la llamada, el trasfondo sigue marcado por críticas mutuas de alto calibre. Petro había respondido previamente a las amenazas de Trump advirtiendo que «tomaría de nuevo las armas» para defender la patria y ordenando a la fuerza pública no disparar al pueblo sino al «invasor».
Por ahora, los preparativos para la reunión bilateral quedan en manos del secretario de Estado, Marco Rubio, y la Cancillería colombiana. Este diálogo representa un respiro para la estabilidad andina en un 2026 que ha iniciado con una reconfiguración total del poder y las alianzas en Suramérica.

