jueves, enero 22, 2026
spot_img
InicioOpiniónEntre el Tiramuto y las Tetas. Donde la verdad no se oculta....

Entre el Tiramuto y las Tetas. Donde la verdad no se oculta. El otro rostro de Zamora

Abog. Thibaldo Mijares Olavarrieta

Desempolvado mi modesta biblioteca tropecé con el libro de texto Historia Venezuela, Editorial Yocoima, 1.967 de JM. Siso Martínez, con él estudié mi 6 grado de primaria en el Grupo Escolar José Laurencio Silva de Tinaco, (tiempos hermosos) con el inolvidable Maestro tinaquillero Félix Monsalve, quien nos decía: «EI libro de Historia aunque digan que es voluminoso y fastidioso, es materia obligatoria, allí está la memoria escrita de la Patria y eso tienen que aprendérselo”.

El Gral. Ezequiel Zamora murió de un certero balazo en San Carlos el 10 de enero de 1.860 a la edad de 42 años, a un año más de este hecho histórico aun es un acontecimiento interesante y poco esclarecido en el tiempo. Nada de los que les escribo y relato hoy es de mi esfuerzo intelectual, podrán leerlo también en las páginas 565, 566, y 671 del citado libro de texto.

Ahora bien, con lo que la historia reseña de la sangrienta Guerra Federal no pretendo en modo alguno descalificar la veneración y respeto que se le tenga al Gral. Zamora, quien sin duda fue un gran estratega militar y líder popular, sino presentarlo en un perfil o dimensión más humana y realista, poco conocida y divulgada: «A las tropas de Zamora acuden por bandadas campamentos y senderos, entre ellos Martin Espinoza a quien describe el historiador Ramón Díaz Sánchez»: «Hay hombres en las tropas de Zamora que parecen escapados de las leyendas de la Edad Media, Martin Espinoza, un bandolero de los llanos que se movía entre el abigeato y la guerra, con más de mil llaneros afectos y adictos a su persona. Aindiado, de ojos verdes, bajo de estatura, hosco y repulsivo.

Le hacía recordar a Zamora a su viejo amigo Rangel, sin embargo Rangel en lo sanguinario y ladrón era un angelito en lo analfabeto, violento, implacable y desalmado. Sus enemigos son los blancos y quienes sepan leer y escribir. Su estado mayor son trece facinerosos a quienes les da nombres de bestias feroces, tigre, león, pantera, caimán, perro, hiena etc. Pero la figura más importante de la tropa de Martín Espinoza es un mestizo a quien apodan «El Adivino», cuya sola presencia hace palidecer a sus propios amigos, es una especie de brujo, cuyos ensalmes atraen a buena suerte, para la guerra y el robo. Es el encargado de designar a las víctimas para los rituales para la fortuna, marcándolos con una cruz, nada lo conmueve o apiada, le da igual matar a un hombre, mujer o niño. Le gustaba aspear (piernas y brazos extendidos) a los desdichados, luego los degüella con sus propias manos y les saca las entrañas».

«El Adivino es el capellán de Espinoza, usa ornamentas de las iglesias saqueadas, simula sacramentos de la santa misa. Esta ceremonia en presencia de negros y mulatos recién liberados y donde solo se habla de saciar venganza, de arrancar a los blancos el poder y quitarles su riqueza. Zamora no cree en estas cosas, pero las utiliza para sus fines, muerte a la oligarquía, les saca provecho, y en muchos triunfos Espinoza es factor decisivo de victorias en barbaries de la Guerra Federal donde destrozan y queman pueblos enteros.

Es entonces cuando el Caudillo Federal piensa en un escarnecimiento para las barbaries del brujo y le hace pegar cuatro tiros en la plaza de Santa Inés.» Continua J.M. Siso Martínez: «Es de destacar que el Gral. José Laurencio Silva siempre fue sospechoso de infidelidad a Zamora y cuando la Guerra Federal se venía haciendo más vandálica por las acciones del Caudillo en 1.859 dijo: «Quedan muy atrás los años 13 y 14, asesinatos, robos, incendios y violaciones del bello sexo con refinada crueldad, es el cuadro que se presenta en todos los lugares que han»

Sin embargo J.M. Siso Martínez culmina con estos párrafos: «El apasionamiento político de Zamora no fue crueldad infinita, ni su odio partidario le empujó hasta el crimen, procuró más de una vez ponerle freno a las ferocidades de turbas desalmadas a su servicio, a veces incontrolables, sin lugar a dudas amó cordialmente al pueblo. ¿Cómo hubiera sido como Jefe Supremo?». Oscar Wilde. «Los gobernantes no entienden que los malos ministros y consejeros solo tienen dos sentidos libres bien desarrollados, el olfato y las manos.»

ARTÍCULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -spot_img

Más Vistos

Comentarios Recientes