jueves, abril 30, 2026
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Gobernantes y adulantes. Constructores de espejismos

En muchas ocasiones, el poder no corrompe solo el bolsillo, también corrompe la percepción. En el ecosistema del poder de algunos gobiernos, el mayor enemigo de un líder no es la oposición, sino su propio anillo de seguridad intelectual. Esos asesores y aduladores de oficio que, cual arquitectos de la ficción, levantan muros de barro para que el gobernante gradualmente se vaya alejando de aquellos que antes eran parte de un conglomerado que le ayudó a obtener logros electorales.

​Cuando un servidor público se rodea de «sí-señores», deja de gobernar una población con necesidades, para pasar a administrar un club de elogios. Este anillo de confianza no busca proteger la gestión, sino proteger y repartirse su propia cuota de poder. Para lograrlo, alimentan al líder con una dieta de falsas victorias, comentarios condimentados y gráficas maquilladas.

​El gobernante que solo escucha a su círculo íntimo termina padeciendo una ceguera selectiva: confunde el aire acondicionado de su despacho con el clima que prevalece en su localidad.

​Mientras en la calle la realidad es una fruta agria y dura, en la casa de gobierno  se sirve el postre dulce de la complacencia. Los aduladores construyen una «verdad oficial» que no es más que un espejismo, una burbuja donde el descontento popular poco a poco aumenta y finalmente es tildado de «conspiración y traición», mientras que la ineficiencia es disfrazada de «proceso de adaptación» por escasez de impericia en la administración pública.

​El adulador es, por definición, un temeroso que sospecha perder el favor del jefe. Por eso, filtra la realidad hasta dejarla desértica. El resultado es un gobierno sordo que desprecia la crítica constructiva porque se percibe como ingratitud, ignora el dato técnico si este contradice la narrativa política oportunista y pierde el contacto humano, sustituyendo la empatía por comentarios de opinión pública  manipuladas.

​Para que un gobierno no muera por asfixia dentro de su propia burbuja, es necesario implementar mecanismos de choque de realidad, por ejemplo: realizar auditorías de Realidad Externa. En este caso el gobernante debe designar lo que se puede denominar un «Abogado del Diablo» o un consejo consultivo compuesto por críticos, técnicos y académicos independientes cuya única función sea señalar los errores sin miedo a ser despedidos. Otra estrategia es un gobierno de campo, no del confort seguro del Despacho. Es establecer jornadas obligatorias de contacto directo con la ciudadanía de manera honesta, sin filtros de seguridad ni audiencias pre-seleccionadas. El gobernante debe escuchar la queja sin que los adulantes «interprete» primero los mensajes de la gente.

Asimismo, contar con una transparencia de datos en tiempo real, lo cual traduce un registro digital y público de  la gestión, para que los indicadores de servicios públicos sean visibles para todos. Si el dato es representativo y crudo, los adulantes en cuestión no pueden maquillar la verdad. Otro elemento que puede vacunar cualquier manipulación hacia un gobernante es la rotación del círculo íntimo. El estancamiento de los mismos sujetos tóxicos durante mucho tiempo en el anillo de poder genera vicios y complicidades. La renovación de los equipos de confianza es vital para airear las ideas.

Y finalmente fomentar los espacios de crítica interna, de este modo ellíder demuestra fortaleza cuando puede valorar a un subordinado que le advierte de un error, no al que le celebra un desacierto. ​Gobernar es un ejercicio de humildad que el anillo de lisonjeros intenta anular. Al final del día, cuando el espejismo se rompe, siempre se rompe, el gobernante se queda solo frente a una realidad que ya no sabe manejar.

Raúl Castellanos Latouche: Coach Comunicacional e Imagen

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