En el marco de las celebraciones por el Día Mundial del Turismo, la Corporación de Turismo del Estado Cojedes (Corpoturismo) llevó a cabo con éxito el 2do Simposio del desarrollo turístico de los Llanos venezolanos, sus retos y oportunidades. A pesar de las constantes fallas del fluido eléctrico que afectaron la jornada, el evento institucional se desarrolló en el Salón de Sesiones del Consejo Legislativo regional bajo la conducción de Carlos Zapata, gerente general de la organización y Tania Sandoval, coordinadora de formación. El encuentro congregó a operadores locales y expertos con el propósito de debatir estrategias que permitan posicionar al estado llanero como un destino recreativo autosostenible, capaz de atraer visitantes nacionales e internacionales gracias a sus riquezas naturales, flora, fauna y potencial gastronómico.

Durante el ciclo de ponencias, la especialista Zoila Torrealba profundizó en las rutas turísticas validadas por el ministerio de la cartera (Mintur) en la entidad, haciendo énfasis en el municipio Tinaquillo, localidad pionera en albergar la primera alternativa formal de infraestructura para el sector dentro del territorio cojedeño. Torrealba generó debate al abordar el uso correcto de la Inteligencia Artificial (IA) aplicada al turismo regional, aclarando que, si bien la tecnología optimiza las tareas operativas, carece de la manifestación de valores y emociones humanas. En este sentido, la experta exhortó a adecuar los programas de formación para los jóvenes, estableciendo límites claros frente al uso abusivo y desordenado de los entornos digitales para garantizar una enseñanza de alta calidad en el ámbito educativo local.
Por su parte, el historiador y Premio Nacional de Historia 2025, William García, centró su disertación en la idiosincrasia del llanero como un Patrimonio Cultural inestimable y producto turístico de exportación. García desglosó el arraigo del joropo como expresión musical originaria del país y destacó hitos históricos de movilidad demográfica, revelando que Cojedes sufrió un descenso poblacional del 7,6% entre 1916 y 1926 debido al auge de la Venezuela petrolera. Asimismo, enalteció los elementos más identitarios de la región, tales como la artesanía en sillas de cuero, platos típicos como el palo e pique o el chigüire, las faenas de ordeño, el tostado artesanal del café en las Tucuraguas y la coexistencia del violín de montaña en el norte con el arpa en el sur, reafirmando al pueblo de El Baúl como la cuna de los grandes arpistas de la nación.

