El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, detalló este miércoles ante el Congreso el esquema estratégico de la administración Trump para la conducción de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro. El plan, definido como un «proceso triple», prioriza en su primera etapa la estabilización del país para evitar un vacío de poder o el descenso hacia el caos civil. Rubio enfatizó que, en esta fase inmediata, el control de los activos estratégicos y la seguridad territorial son fundamentales para garantizar un entorno previsible que permita avanzar hacia las siguientes escalas de la hoja de ruta estadounidense.
La segunda fase del proyecto se centra en la recuperación económica, donde la gestión directa de la industria petrolera juega un rol protagónico. Rubio confirmó que Estados Unidos administrará las ventas de crudo venezolano para asegurar que los ingresos se utilicen en beneficio del pueblo y no en favor de estructuras sancionadas o potencias extranjeras adversarias. Esta etapa incluye la reapertura de mercados para empresas estadounidenses y la venta programada de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, buscando reinsertar a la nación en los circuitos financieros globales bajo la supervisión técnica de Washington.
Finalmente, el secretario de Estado delineó la fase de transición, aclarando que el objetivo final es un futuro democrático y próspero para los venezolanos, aunque bajo un modelo de acompañamiento dirigido que proteja los intereses de seguridad nacional de EE. UU.. Rubio precisó que, si bien Washington no pretende gobernar el día a día del país de forma indefinida, sí mantendrá una vigilancia estricta sobre el cumplimiento de los acuerdos institucionales. Con este anuncio, la Casa Blanca formaliza su rol como el principal arquitecto del nuevo orden político en Caracas para este 2026.

