La Organización Venezolana de Autismo (OVA) presentó los resultados de la Encuesta TEA 2026, una investigación diagnóstica que recopiló 2.082 respuestas de familias en todo el territorio nacional. El informe revela un panorama complejo donde las limitaciones económicas, las fallas en los servicios públicos y la insuficiente respuesta institucional sobrepasan las dificultades propias de la condición. Según el estudio, concebido para impulsar políticas públicas bajo un enfoque de derechos humanos, la falta de datos oficiales por parte del Estado venezolano impide determinar la prevalencia exacta del autismo en el país, lo que invisibiliza la magnitud real de las necesidades de esta población.
El principal hallazgo de la investigación se concentra en la vulnerabilidad financiera de los hogares consultados, donde el 60,3% reportó ingresos mensuales inferiores a una canasta básica, mientras que apenas el 7,7% cuenta con recursos suficientes para afrontar gastos médicos y terapias especializadas. Esta presión económica se cruza de manera directa con una marcada feminización del cuidado, siendo la madre la principal cuidadora en el 91,6% de los casos. Asimismo, el acceso al tratamiento farmacológico presenta barreras críticas: el 45% de los menores requiere medicamentos, pero el 95,4% de ellos enfrenta graves dificultades para adquirirlos debido a los altos costos, en un contexto donde el 90,7% de las familias no recibe ningún tipo de bono o ayuda económica estatal por discapacidad.
En el ámbito asistencial y de salud, el diagnóstico evidencia una profunda brecha entre el sistema público y el privado, ya que el 71,3% de los menores obtuvo su certificación en instituciones privadas, frente a un rezagado 23,8% atendido en centros públicos como hospitales, CDI o los Centros de Atención Integral para Personas con Autismo (CAIPA). La edad promedio de detección se ubicó en los 4,1 años, con un pico de sospecha a los 3 años, afectando a un grupo infanto-juvenil donde el 58,8% requiere un nivel de apoyo 1, el 34,4% un nivel de apoyo 2 y el 6,8% un nivel de apoyo 3. Con estos indicadores, la estructura familiar, dividida entre hogares biparentales (51%), monoparentales (24,8%) y familias extendidas (24,5%), asume de forma casi exclusiva el costo y la gestión de la condición.
Fuente informativa: Encuesta TEA 2026, informe diagnóstico de la Organización Venezolana de Autismo (OVA)

